“Me he infravalorado demasiado tiempo”

Su despacho en Marsi Bionics, la empresa que fundó para captar fondos y desarrollar el prototipo que creó en el CSIC, tiene su nombre, Elena, recortado en cartulina de colorines en la puerta. Es un regalo de uno de los niños con tetraplejia o atrofia muscular que han probado a Atlas 2030, el exoesqueleto biónico que les ayuda a ponerse en pie y fortalecer sus músculos como parte de su la rehabilitación que debieran practicar de por vida. Solo en España, 2.000 niños podrían beneficiarse de sus servicios. La demanda internacional puede ser ingente, admite, pero todavía, casi, están celebrando la autorización de la Agencia Española del Medicamento para poder comercializarlo en España y en la UE. Empecemos por el principio.

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ANTIDIVA

La ingeniera industrial Elena García Armada (Madrid, 50 años), hija de una doctora en Física y un catedrático de Electromagnetismo, trabajaba investigando con robots industriales en el CSIC cuando conoció a una niña tetrapléjica y decidió “hacer ciencia aplicada y pasarse a la salud. Después de tres años de estudio para la realización de un prototipo, y de otros ocho en Marsi Bionics, la empresa que fundó para recabar fondos para desarrollarlo, acaba de recibir permiso para comercializar el primer exoesqueleto biónico infantil del mundo. De vez en cuando, canta donde la llaman como líder de su grupo de jazz, Owl. “Va menos gente que a las charlas de divulgación, pero en el escenario me crezco igual o más que en el estrado”, confiesa.

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