La paradoja del calor extremo: aumentan las temperaturas, pero disminuyen las muertes

España vive una llamativa paradoja: aumentan las temperaturas, pero cada vez hay menos muertes por el calor extremo. El epidemiólogo Julio Díaz (Madrid, 61 años) lo resume así: “No nos mata la bala, sino la velocidad de la bala”. El proyectil del calentamiento avanza —la temperatura máxima diaria en verano sube unos 0,4 grados cada década—, pero el umbral a partir del cual el calor mata también se está moviendo: unos 0,6 grados por década. “Cada vez hace falta más calor para que la gente muera”, celebra el investigador. España está corriendo más rápido que el proyectil.

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