La decisión de escribir

Cuando uno toma la decisión de escribir algo, pasa por un proceso que es extraño. Sobre todo, si va a plantear una queja o una disconformidad con el accionar de otras personas, las cuales pueden sentirse ofendidas o atacadas por lo que uno escribe. Es el caso cuando, en este blog, opinamos sobre el estado actual de la investigación científica en general.

Muchas personas que trabajan en el área de la física o la ciencia oficial pueden llegar a sentirse ofendidas. Entonces, ¿Qué derecho tenemos a que eso ocurra? ¿Acaso somos dueños de la verdad absoluta sobre algo, cualquiera sea esa cosa? Es evidente que no. Pero si seguimos esta línea de pensamiento llegaremos al punto en que nadie puede cuestionar nada. Más aún en este caso, en que estamos hablando de lo que se supone que es el patrimonio cultural de la humanidad por excelencia, el conocimiento.

Mientras yo hacía la carrera de Ingeniería, siempre leí obras de física. Me gustaba mucho leer los originales, es decir libros que aportaban conocimiento y no tanto de difusión. Einstein, Penrose, incluso matemáticos, eran los que más me gustaban. Cuando llegué a los crípticos, a los de la segunda mitad del siglo veinte, mi interés se detuvo. Me parecía que estaba aprendiendo un nuevo idioma, y no física. Hasta Penrose se volvió oscuro. La coherencia se llamaba de-coherencia, y el mundo se hacía más y más loco. Perdí el interés por completo.

Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, ya internet mediante, me di cuenta que había muchos como yo. Y no eran aficionados igual que yo, sino científicos experimentados. Y que no tenían miedo de dar a conocer sus hallazgos o teorías, a pesar de que la ciencia oficial no gusta de estos irreverentes. Personas como Miles Mathis, que alguna vez será llamado genio, o McCutcheon, que con su novedosa teoría deja pensando a más de uno. La existencia de estas personas me indicó que solo podemos ser libres cuando lo somos en el pensamiento. Esa es la última barrera, por lo tanto es lo único que no debemos dejar que nos arrebaten. Y mucho menos reprimirnos a nosotros mismos en aras de que “quizás” yo no tenga el nivel para escribir de ciertas cosas.

Por supuesto, mis indagaciones y elucubraciones no alcanzan la profundidad de estos eminentes hombres. Yo solo me limito a hacer preguntas. Cuando las respuestas no llegan o son confusas, o requieren mucha magia para ser creíbles, me limito a mirar y sonreír. 


Para leer más como esto, prueba Creer en la ciencia ¿es posible aún?.


Ah, hola 👋Un placer conocerte.

Regístrate para recibir contenido genial en tu bandeja de entrada, cada mes.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.


¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro boletín

Ah, hola 👋
Un placer conocerte.

Regístrate para recibir contenido genial en tu bandeja de entrada, cada mes.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Promoción