“Si puedo serlo… voy a ser más alto”. El hombre que habla a la cámara de un viral vídeo de Inside Edition no tiene dudas ante tal afirmación. La cirugía está de su parte, y tiene más de 100 años de experiencia. Sí, alargar los miembros de una persona para que pueda medir unos centímetros más que su esposa. Tras esta aparente frivolidad hay todo el desarrollo de una serie de técnicas médicas que han ayudado a miles de personas a lo largo de la historia reciente. ¿Cómo funciona eso de alargar los miembros y qué peligros entraña?

Hacerse más alto con cirugía: cómo funciona

Ryan, que es como se llama el protagonista del vídeo que comentábamos, no es precisamente bajo: 1,70 cm. Sin embargo, deja patente su deseo en cada fotograma de la entrevista. Siempre ha deseado ser más alto que su esposa, la cual parece muy de acuerdo. Así que, allá que van los dos a una lujosa clínica de Las Vegas a por una cara operación de “alargamiento de miembros”. Este tratamiento no es exclusivo de Estados Unidos.

Una rápida búsqueda en Internet nos mostrará anuncios de alargamiento de miembros con finalidad cosmética en Reino Unido, Alemania, la India… aunque parece especialmente popular en Estados Unidos. Esta técnica cuesta varias decenas de miles de dólares y se fundamenta en una propiedad intrínseca de nuestro cuerpo: la osteogénesis.

La osteogénesis es el proceso a través del cual ocurre la formación del tejido óseo, como su nombre indica. Durante gran parte de nuestra vida, el hueso es reabsorbido y reestructurado de forma natural. Es la base de nuestro crecimiento. Una serie de células especialmente diseñadas para ello se encargan de disolver parte del hueso mientras que otras se colocan en los huecos rodeándose de una matriz cartilaginosa que se calcificará (matando a la célula que hay en su interior). También participan en la regeneración ósea cuando nos partimos algún hueso.

Este mismo fundamento es el que utilizan todas las técnicas modernas de alargamiento óseo. Básicamente, se practica una rotura quirúrgica en el miembro a alargar. Mediante un dispositivo, y los hay muy variados, se fuerza la separación, muy poco a poco, del hueso. El proceso de osteogénesis pronto comienza a “rellenar” el pequeño espacio de separación. Lentamente, la longitud de los huesos va creciendo y, con ella, los miembros.

El caso de Ryan no es, ni de lejos, el primero. Actualmente hay toda una industria clínica, con cientos o miles de pacientes al año, centrada en este procedimiento. No todos son frívolos o puramente estéticos. La gran mayoría tienen como objetivo mejorar la vida del paciente o corregir deformidades en los miembros. Sin embargo, si hay dinero suficiente en tu cuenta, siempre puedes ganar unos centímetros. Pero, ¿realmente merece la pena? Antes de responder a esta pregunta, conozcamos un poco más sobre el estado del arte.

Una pequeña historia del alargamiento de miembros

Tal y como recogen el Hospital pediátrico Scottish Rite de Dallas, Texas, la historia del alargamiento de miembros, piernas y brazos, es larga. Las tres técnicas que se emplean actualmente se han desarrollado en los últimos 100 años. Todas y cada una de ellas se basan en la distracción osteogénica, una técnica ortopédica utilizada en otras partes del cuerpo, sobre todo en el cráneo, para corregir problemas óseos.

Como hemos explicado, consiste en cortar el hueso quirúrgicamente y proporcionar una fuerza que deforme (o más bien devuelva a la forma deseada) el hueso, poco a poco. En el alargamiento de miembros, el primero en utilizarlo de forma clínica con éxito, considerado el padre del alargamiento moderno, es Alessandro Codivilla. Codivilla, en 1905, colocaba un clavo al final del talón, cortaba el hueso de la pierna y, mediante un tornillo, iba tirando poco a poco de la extremidad, obligándola a crecer.

A partir de esta idea, su alumno, Vittorio Putti al principio y los doctores Leroy Abbott y John Saunders después, desarrollaron sus propias evoluciones, todas con tornillos para forzar el alargamiento. Diversos médicos fueron “mejorando” la tecnología, que seguía pareciéndose más a una película de terror, hasta llegar a Gavriil A. Ilizarov. Con un sombrero más parecido al de un chef y un dispositivo digno de un terminator de los años 20, Ilizarov constató la segunda revolución en el alargamiento de miembros. El método Ilizarov ayudó a miles de personas a corregir todo tipo de deformaciones. Pero todavía no hemos llegado a lo más moderno del asunto.

Todas las técnicas anteriores se basan en la “fijación externa”, es decir, atornillar el hueso y provocar la extensión mediante un dispositivo, normalmente aparatoso, desde fuera. Sin embargo, Ryan, el protagonista del vídeo que encabeza este artículo, no tiene ni un solo hierro por fuera. La última y más novedosa técnica, atribuida a un tal Bliskunov, de quien toma su nombre, fue desarrollada en 1983 y consiste, nada menos que en introducir el dichoso tornillo dentro de la médula ósea, con sendos clavos sujetando las dos partes del hueso.

Tras hacer la incisión ósea, solo es necesario incrementar las vueltas del tornillo interior, algo que se hace con un dispositivo magnético. Esta técnica reduce enormemente el estrés generado en los tejidos externos, la invasión al tejido nervioso y la probabilidad de infección, lo que la ha coronado como una de las más populares actualmente. Sin embargo, no es ninguna panacea. Allá donde hay grandes beneficios, aunque estos se cuenten en pocos centímetros, también hay grandes riesgos.

Cortar y atornillar el hueso, ¿qué podría salir mal?

Enfaticemos el hecho de que el alargamiento de miembros se desarrolló para ayudar a personas con diferentes patologías: miembros desiguales, crecimientos anormales, problemas del desarrollo y otras enfermedades similares. En 1905, los Ryans del mundo no se planteaban que el doctor Codivilla les atravesase el talón con un tornillo sinfín. Actualmente, sin embargo, la seguridad y la técnica han avanzado para que muchas personas se lo planteen de forma estética, como vemos.

Pero, en cualquiera de los dos casos, alargar un miembro puede tener sus consecuencias desagradables, cuando no peligrosas. El proceso de osteogénesis no solo afecta al hueso. El músculo, el tejido conectivo y los nervios alrededor del mismo han de adaptarse al crecimiento forzado. Si esto no ocurre adecuadamente, se puede perder la movilidad parcial o total del miembro.

En el peor de los casos, el nervio podría no desarrollarse adecuadamente, provocando la necrosis y la pérdida de tejido o del propio nervio. Si el músculo no se adapta correctamente, tendremos un miembro que no funciona bien y puede provocar otros problemas en el cuerpo. Por ello, la rehabilitación es crucial en el proceso. La supervisión de los tejidos, desde el hueso a la piel, es esencial. No se puede ir demasiado rápido o demasiado lento en el alargamiento.

Por si todo fuera poco, y aunque es raro, el cuerpo podría rechazar la prótesis y provocar una infección severa con todo tipo de consecuencias. Según una de las últimas revisiones realizadas por el Hospital Universitario de Benha, en El Cairo, la literatura científica indica que casi el 100% de las intervenciones de alargamiento de miembro conlleva algún tipo de complicación. ¿Merece la pena, en tal caso, darse a este tipo de tratamientos? Bueno, como de costumbre, depende.

Si el objetivo es solucionar un problema, como suele ocurrir en medicina, probablemente sea mejor el remedio que la enfermedad. ¿Y en el caso estético? Pues también depende. Nunca se sabe cuál podría ser la complicación a la que se enfrentará un paciente y si esta será peor que las razones por las que decide lanzarse a rascar unos centímetros más en su día a día.


La noticia

Hay gente operándose para ser más altos: qué hay detrás de la cirugía de “alargamiento de piernas”

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Xataka

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Santiago Campillo

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