Basta un paseo por Nueva York, Dubái, Tokio o Shanghái para comprobarlo: nos gusta que nuestras ciudades crezcan a lo alto. Desde hace décadas, por una razón de espacio y de precio del suelo —probablemente también en una demostración de poder con interesantes implicaciones freudianas—, intentamos estirar al máximo el techo de las metrópolis. A nosotros nos encanta. A los pájaros, menos. Las fachadas acristaladas de los edificios, las torres de comunicación y el tendido eléctrico acaban convertidos con frecuencia en obstáculos contra los que pierden la vida un buen número de aves. Se estima que solo Nueva York se cobra, cada año, cerca de 200.000.

En su búsqueda de fórmulas capaces de evitar ese impacto demoledor, el biólogo Timothy Boycott, del William & Mary College, y su equipo han dado con una fórmula que, por lo pronto, y al menos en base a los resultados de sus pruebas preliminares, parece apuntar en la buena dirección: instalar “faros acústicos” que se encarguen de emitir ráfagas cortas de un ruido especial, grabaciones —detalla Science Alert— “de amplio espectro, una especie de sonido estático y sibilante”.

Una buena banda sonora, el mejor aliado

En un artículo publicado en primavera en la web oficial del William & Mary, se señala cómo el “siseo” se probó en dos frecuencias: de 4 a 6 kHz y de 6 a 8 kHz. La primera horquilla coincide con el rango de audición de muchas aves; la segunda se escogió para destacar entre el ruido ambiental, como el zumbido del tráfico o el murmullo de las olas. La prueba se realizó en los alrededores de torres de comunicaciones situadas en la costa de Virgina, en EE.UU., durante seis días en sesiones de tres horas. Para reforzar el seguimiento, instalaron cámaras que apuntaban a varias zonas. El lugar del experimento tampoco fue casual: coincide con la ruta migratoria del Atlántico.

Al analizar los vídeos de las emisiones de 4-6 kHz y 6-8 kHz y los correspondientes a las pruebas de control, los investigadores identificaron algunos patrones. Ambas franjas fueron efectivas, pero con matices. “Vimos que durante el rango de frecuencia más baja, de 4-6 kHz, las aves se ralentizaron más. Se mantuvieron más alejadas e inclinaron sus trayectorias más lejos”, señala Boycott. La menor velocidad y el cambio de la marcha disminuirían a su vez el riesgo de choque. Las imágenes revelan también cómo los pájaros de menor tamaño parecen desviarse con mayor rapidez.

¿Cómo de efectivo es el “faro acústico”? En un artículo publicado en abril en Plos One, los investigadores detallan que durante el experimento la actividad en el entorno de las torres descendió entre un 12 y 16%. Es más, en 145 vuelos rastreados y que los expertos consideraron de “riesgo” las aves redujeron la velocidad y desviando sus trayectorias en mayor medida cuando estaban expuestas a “los estímulos acústicos” desplegados cerca de las torretas.

“En general, está claro que la señal acústica de 4 a 6 kHz que implementamos redujo el riesgo de colisión. Por tanto, el uso de señales acústicas para mitigar colisiones en el espacio aéreo abierto merece una exploración más profunda —concluye el informe publicado en Plos One—. Probamos el concepto de faro acústico en un contexto: vuelos alrededor de altas torres de comunicación durante la migración otoñal. Sería de gran valor extender esta prueba a otras épocas del año, a otros paisajes terrestres y marinos, y a otras estructuras que presentan riesgos de colisión.”

A pesar de los buenos resultados de partida quedan aún retos que afrontar. Las señales acústicas pueden ser grandes aliadas de los pájaros, pero, explica Boycott en declaraciones recogidas por Science Alert, “podrían presentar desafíos para otros animales salvajes, enmascarar las señales de comunicación o aumentar el estrés”. Precisamente para reducir esas “consecuencias negativas”, abogan por el uso de emisiones “intermitentes” y siempre adaptadas al contexto.

El faro acústico tampoco tiene por qué trabajar solo. En su artículo de Plos One, los propios investigadores recuerdan que ya se han probado otras opciones para proteger a las aves, sobre todo con señales visuales, y abogan por una combinación de estrategias para lograr una “solución multimodal”. El objetivo: paliar, en la medida de lo posible, la sangría de pájaros que cada año acaba defenestrada contra torres, edificios o instalaciones de energía eólica, un “enemigo” que suele presentarse, además, en las corrientes de aire que usan las aves para sus migraciones.

Imágenes | anatoly_l (Flickr) y J@M€S (Flickr)


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Faros acústicos para evitar que los pájaros choquen contra edificios: así han reducido estos científicos su riesgo de mortalidad

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Carlos Prego

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