El patriarca de los vulcanólogos se reencuentra con su leviatán

“¡Por allí resopla!”, exclama el octogenario vulcanólogo Juan Carlos Carracedo al contemplar en el horizonte la columna de cenizas del nuevo volcán de La Palma. Es el mismo grito de guerra que profería el legendario capitán Ahab al avistar el chorro de Moby Dick, en su obsesiva persecución por los océanos. El leviatán de Carracedo es Cumbre Vieja, una monumental cordillera llena de puertas al infierno que se han ido abriendo una tras otra en los últimos milenios. Al igual que Moby Dick arrancó de cuajo la pierna del capitán ballenero, Cumbre Vieja casi siega la vida del vulcanólogo. “Hace 50 años estuvimos a punto de morir aquí”, recuerda el investigador, erguido sobre la que pudo ser su tumba de lava.

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