Con una paciencia que tiende a infinito, la bióloga Librada Alcaraz recoge el polen de cientos de flores de las ramas de un árbol de aguacate de la variedad Reed, cuyo fruto es redondeado, tiene sabor exquisito y ofrece gran rendimiento por hectárea. Con ese material, la investigadora poliniza, una a una, otros tantos centenares de flores. Esta vez, de árboles de aguacate de la variedad Hass, el más habitual en el mercado. El objetivo es cruzar ambas familias para obtener lo mejor de cada una. Alcaraz no está sola en su labor, tiene el apoyo de la también bióloga Alicia Talavera. Ella descifra la información genética de este fruto tropical para asociar sus genes a características concretas: del color al tamaño, de la carnosidad a su productividad. Ambas trabajan en el programa de mejora de la especie del Grupo de Fruticultura Subtropical del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ubicado en Málaga. Su objetivo es desarrollar no solo un aguacate más atractivo, carnoso y sabroso, también hacerlo más resistente a la sequía, que rinda más y que produzca todo el año, entre otras características.

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