El coronavirus llegó al poblado más al sur del mundo y, paradójicamente, revitalizó su cultura y su economía

El 21 de marzo de 2020 se registró el primer contagio de coronavirus en Puerto Williams, una pequeña ciudad chilena conocida por ser el centro urbano más al sur del mundo y en la que desde hace 7.000 años habita el pueblo indígena yagán. Dos días después, las autoridades cerraron las fronteras marítimas y aéreas, redujeron la actividad económica a lo esencial y ordenaron confinamientos estrictos. Las restricciones ayudaron a revitalizar algunas prácticas culturales originarias que desde hace tiempo estaban en peligro de desaparecer, como las artesanías y el idioma originario. La cuarentena también ayudó a fortalecer los lazos intergeneracionales para que los niños y jóvenes se volvieran a sentir identificados como indígenas. Así lo ha revelado una investigación publicada recientemente en Maritime Studies, una de las revistas científicas más importantes en el mundo en el ámbito de las ciencias sociales y humanidades.

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